Escrito por "Evelina Ricci" Ricci Jueves, 31 de Marzo de 2011 15:28

RELATO / Sobre una mujer sola esperando un hijo
La Hechicera
Estaba la hechicera sentada en su cueva.
Ardía una fogata con brazas incandescentes.
Salía olor a ramas y a brebajes.
Los conjuros inundaban el aire.
Me acerqué temerosa con mis ropas más sencillas.
Me detuve en la entrada observándolo todo.
Ella no se movió, ni siquiera levantó la cabeza.
Continuó moviendo con su paleta algo en el fuego ardiente.
Rió de repente…
- te esperaba niña, te esperaba, pasa y siéntate
caminé despacio cruzando mi manto para cubrirme
- Ven aquí, acércate el fuego, siéntate en esa piedra, que es lo único cómodo que tengo
Así lo hice, muy despacio y en silencio.
- Sabía que vendrías, me dijo.
- El hombre se fue, ¿no es cierto?
Sí, sólo atiné a decir.
- Te dije claramente que no te le entregaras.
- Pero lo hiciste, ¿no es cierto?
- Él no volverá.
Volteó de pronto para mirarme.
Agudizó su ojos como quien no distingue bien desde lejos.
- ¿Estás preñada? - preguntó.
Yo tragué la poca saliva que tenía en la boca.
- Qué mujer tan necia, eres una tonta.
- ¿Acaso no te dije que no te le entregaras o lo perderías sin remedio?
Debe haber algo que usted pueda hacer, le dije con tono desesperado.
- No es nada fácil lo que me pides.
- El mal ya está hecho.
- Ven toma este caldo, te calentará el estómago.
- Veo, además, que no has comido bien.
- Y también has llorado.
- Qué tonta, qué tonta eres.
- Bien, tómate el caldo y ya veremos.
Obedecí, tomando el cazo con ambas manos, y bebí el caldo caliente.
La hechicera cruzó sus manos colocándolas detrás de su cintura.
Me observó mientra bebía el caldo.
Luego, caminó por un rato dando vueltas.
Se alejó y comenzó a buscar entre varias tarros, ramas, polvos y otras cosas.
Regresó y en silencio se puso a macharcar en una piedra ahuecada todos los ingredientes que había sacado de los tarros.
- Tienes poco tiempo de embarazo.
- Deberás tomar este brebaje por tres días seguidos para que te baje la sangre.
- Pero yo, quiero tener este hijo.
- No seas tonta mujer.
- Si lo tienes, será tu perdición.
- Ningún hombre de este pueblo se te acercará más que para tenerte.
- Pero si lo tomas y haces lo que te digo.
- Todos los hombres caerán a tus pies.
- Eres hermosa.
- Si tienes ese hijo, te marchitarás y te quedarás en tu choza viviendo de lo poco que puedas conseguir, la vida será muy dura para ti y más con ese hijo.
Colocó la vasija entre mis manos diciendo – toma, bebe -.
Cerré los ojos, las lágrimas corrían por mi rostro, emití un profundo suspiro y bebí la pócima para matar a mi hijo, pero al hacerlo se me murió el alma.

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